África Marruecos

Ouarzazate-Desierto de Merzouga

on
7 febrero, 2018

Despertamos temprano y bajamos a desayunar. Youssef ya nos está esperando, así que partimos con destino Merzouga. Tomamos la N10 poco después de empezar realizamos nuestra primera parada, el valle del Draa.

Como nos explica Youssef, el valle del Draa es de los mayores del mundo, y su palmeral es enorme.. Aquí se obtienen los dátiles más apreciados de Marruecos. Probamos de una caja que nuestro guía le compra a unos vendedores a pie de carretera, y están muy buenos! En el extenso palmeral domina el minifundismo, por lo que los vecinos de las poblaciones cercanas son los propietarios de pequeñas extensiones de tierra.

Continuamos hasta un pequeño puente por el cual cruzamos el río Draa. Este río es el más largo de Marruecos y Argelia, con más de 1100 km.

Después de un rato más en coche paramos a comer, con idéntico menú. Estos restaurantes son muy turísticos, casi exclusivamente viven de los turistas que hacen sus paradas al mediodía, y por esto los precios son más elevados que en el resto de Marruecos (una media de 11€ el menú), y su calidad peor.

Continuamos nuestro viaje hasta llegar a Rissani, donde hay un importante mercado para la población de la zona. Tenemos suerte y llegamos en día de mercado, así que nos damos una vuelta. Tiene importancia la zona de animales, donde los nómadas de la región venden su ganado y compran los enseres que necesitan.

Volvemos al 4×4 para llegar hasta Merzouga. Aquí dejamos el coche y lo cambiamos por dromedarios. Después de una media hora adentrándonos en el desierto llegamos hasta nuestro campamento. Dispone de una jaima principal donde comer y de ocho jaimas para los turistas. Cada jaima cuenta con un baño completo con agua caliente.

Después de una ducha ya nos están avisando para la cena. Siendo comida muy similar a la que tomamos en las paradas hacia el desierto, la calidad es mayor. Una vez que todos hemos terminado de cenar salimos al centro del campamento, donde nuestros cinco anfitriones han preparado un fuego. Nos sentamos alrededor y degustamos un té mientras tocan y cantan música tradicional bereber. Cuando terminan nos animan a que probemos a tocar algo, y más mal que bien nos divertimos intentándolo. La gente se empieza a recoger y nosotros nos alejamos del campamento junto con uno de los chicos del campamento y de un gato. Subimos unas dunas y, ya sin atisbo de luz, divisamos las estrellas. Fue la mejor experiencia de todo el viaje.. Después de un buen rato tirados en el desierto volvemos hasta nuestra jaima, mañana toca madrugar…

 

 

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