Novela Gráfica

La cumbre de los dioses

en
14 octubre, 2020

El mundo del alpinismo no es un tema muy explotado en la novela gráfica. Últimamente hemos estado leyendo y viendo algunas películas y documentales sobre el tema (en algún momento os recomendaremos películas sobre el mundo de la montaña), pero nos apetecía leer algún cómic sobre grandes escaladores, y es así como dimos con La cumbre de los dioses. Es cierto que este manga no está basado en hechos reales, pero sí que mezcla personajes históricos con otros ficticios, por lo que la historia se vuelve más interesante.

Sinopsis

La historia comienza con una expedición japonesa al Everest en 1993. Los montañeros no obtienen éxito en su intento de coronar el Everest, por lo que regresan a Japón desde el aeropuerto de Katmandú. ¿Todos? No, ya que el fotógrafo de la expedición, Makoto Fukamachi, decide quedarse unos días más en la capital de Nepal. Deambulando por los bazares se encuentra con una antigua cámara de fotos. El modelo, una Vest Pocket Kodak, es el mismo modelo que la que llevaron los ingleses Mallory e Irvine en su intento de ser los primeros en hollar el Everest. Todavía hoy no se sabe si fueron capaces de coronar el monte más alto del mundo (el honor de la primera cumbre lo ostentan Hillary y Norgay). El fortuito hallazgo de la cámara se convertirá en el Macguffin que nos permitirá conocer a Joji Habu.

 

Habu es el actual propietario de la cámara. Un brillante escalador cuyas escasas dotes sociales le han privado de la gloria que sus méritos merecen. Su enfrentamiento con otro gran escalador japonés, Tsuneo Hase, será el aliciente necesario para emprender aventuras cada vez más arriesgadas. Fukamachi indaga sobre el pasado de Habu para intentar conocer donde se encuentra, y así poder conocer la verdad sobre la misteriosa cámara.

Crítica

La cumbre de los dioses engancha desde el primer momento. El hecho de introducir un acontecimiento histórico sin resolver (la posible cumbre de Mallory e Irvine), provoca que no paremos de pasar las páginas para continuar con la historia. Además el personaje de Habu derrocha carisma y consigue adentrarnos en el mundo del alpinismo y familiarizarnos con una terminología que antes desconocíamos (vivac, cordada, estilo alpino…). La historia es una gozada (la novela original ya fue galardonada en Japón), pero el dibujo de Taniguchi no se queda atrás. Al final nos interesa más conocer las historia de Habu que saber si la cámara fue realmente la de Mallory. Es una obra exigente (son más de 1.000 páginas), pero es de las mejores novelas gráficas que hemos leído.

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