Enoturismo

Visita a la Rectoral de Gundivós

en
14 enero, 2021

¿Qué pasa si juntamos el Cañón del Sil, variedades autóctonas de uva y la tradición alfarera de la zona? Pues que nos sale Rectoral de Gundivós, una bodega, taller alfarero y museo en el corazón de la Ribeira Sacra

La tradición de trabajar el barro viene de la época romana, cuando en Gundivós se fabricaban las vasijas con las que se transportaba el vino de Amandi hasta Roma, donde lo disfrutaban las familias más pudientes. 

La profesión continuó y en el pueblo llegó a haber 30 oleiros, como se conoce en gallego a los alfareros. Pero a mediados del siglo XX, con los cada vez más habituales envases de plástico y cristal, cayó la demanda de los productos cerámicos. Los oleiros tuvieron que emigrar y en Gundivós solo quedó uno trabajando. El oficio hubiese desaparecido sino fuese por Federico Díaz, Xosé Ventura, Obdulia Lula Rodríguez (premio Artesanía de Galicia 2017 a su Trayectoria), Alonso Díaz y Agapito González, quienes retornaron en los 80 y continuaron la tradición alfarera de la aldea.

Pero el tiempo es inmisericorde, y ya sea por jubilación o por fallecimiento los 5 artistas abandonaron la profesión. Quedó un vecino del pueblo, un chaval que desvió su carrera profesional para retomar el oficio de su bisabuelo. Elías González acudió al taller de Agapito para aprender y continuar con este arte milenario. Compró la rectoral del pueblo, un bonito edificio del siglo XVIII, y creó un centro de interpretación de alfarería, donde ahora vive y trabaja.

La visita

Elías nos recibe en la entrada de la antigua Rectoral de Gundivós. En el patio emparrado nos comienza a explicar la historia y las peculiaridades de su oficio. Como que allí no se utiliza el torno alto (sí, el que utilizan en Ghost), sino el de rueda baja impulsado a mano. O que continúa cociendo en horno de leña y luego ahumando

Rectoral Gundivós

Patio de la Rectoral de Gundivós

 

La visita continúa por el museo en el interior de la casa. Aquí Elías nos muestra su particular colección de decenas de piezas, alguna de ellas con más de 100 años de antigüedad. Lo que predominan los xarros, los recipientes para el vino. Pero también vemos muchos cacharros (de ahí el nombre de cacharreiros) para cocinar distintos tipos de alimentos, meleiras (recipiente para guardar la miel) y hasta un sacaleche. Descubrimos los que es un bigote en un xarro, o el porqué de ese color azul cielo de una de las piezas.

Museo Rectoral Gundivós

Parte de la colección del museo

 

A continuación pasamos a la antigua cocina del cura, que bien podría formar parte de un museo etnográfico. Aquí no hay chimenea, si no que el humo se escapaba por las rendijas de la construcción. Al ser una habitación pequeña el espacio está aprovechado al máximo: en los huecos que quedaban en las paredes se colocaban estantes o armarios, la mesa es retráctil (en la foto se encuentra recogida en la pared de la izquierda) y la olla se cuelga en una estructura móvil para colocarla en el fuego y quitarla sin dificultad

Antigua cocina del cura

 

En la última sala que visitamos descubrimos algo único: un palomar fabricado en cerámica. Cada una de las celdas de las palomas está fabricada con barro por los maestros alfareros de la aldea. Su singularidad lo hace tan destacable que cuando los inspectores de la UNESCO vengan a la Ribeira Sacra para estudiar su posible (y merecido) ingreso en su lista de patrimonio, el palomar sea una de sus paradas.

Palomar rectoral gundivós

Palomar de cerámica

 

Volvemos al patio para ver una demostración del proceso de fabricación de un xarro. Con una pieza ya cocida, ya que el proceso de cocción es muy largo, vemos cómo Elías lo quema para darle el característico color negro de la cerámica de Gundivós.

Demostración Rectoral Gundivós

Elías en pleno proceso de quemado

 

Pero el xarro se utiliza para el vino, y si lo vertiésemos en la pieza tal como está se filtraría por los poros del barro. Para impermeabilizar el xarro se utiliza una mezcla de resinas de pino conocidas como pez. Con la pieza todavía caliente se le echan los polvos de resina para que se vayan fundiendo y que le acaban dando un característico brillo. 

Pez Rectoral Gundivós

Momento exacto en el que Elías aplica la pez al xarro

 

En principio aquí termina la visita. Se pasa por la tienda y quiera puede comprar alguna de las piezas. Además es una manera de apoyar la tradición y las visitas, ya que éstas son gratuitas.

cerámica rectoral gundivós

Pieza sin cocer (izquierda), ya cocida (derecha) y quemada y con pez (centro)

 

Antes de marcharnos (con un precioso xarro cada uno) vimos que también se vendía vino. Elías nos explicó el proyecto Vinum et Lutum, que lleva junto al viticultor Manuel Verao.

En la pequeña y reciente bodega (el proyecto nació en 2016) elaboran 4 tipos de vino, todos con nombres relacionados con el barro: el vino blanco de la bodega se llama Ímbrice, como las tejas curvas utilizadas en la antigua Roma; Adobe es la marca principal, Adobe Ámboa se llama así por el recipiente tradicional para almacenar el vino; y Ámboa Lutum, cuya fermentación se produce en ámboas de barro producidas por Elías. Para la elaboración de todos ellos se utilizan uvas de viñedos de la subzona de Amandi que llegan a tener un 70% de pendiente. Al tener unas pendientes tan pronunciadas la vendimia hay que realizarla a mano, ya que es imposible mecanizar el proceso. Por eso se conoce como Viticultura Heroica a la que se realiza en la D.O. Ribeira Sacra.

Además de la propia vendimia, otra dificultad con la que se encontraron fue el sellado interior de las ámboas. Si no se sella el vino se filtra por los poros, y la ya comentada pez no sirve, ya que evita la oxigenación y con el tiempo puede aportar olores y aromas extraños (como en las botas de vino). Al final Elías encontró la solución en un tipo de barro con una porosidad que impide las filtraciones pero permite la oxigenación

Como todavía no se pueden catar en la Rectoral, nos compramos una botella de cada variedad para probarlas en casa (ya os contaremos qué tal).

ÁMBOA LÚTUM 2020 fermentando en las ámboas de barro ©RectoralGundivós

 

Y así fue como una visita a una alfarería se acabó convirtiendo también en una visita a una bodega. Debe ser la magia de la Ribeira Sacra…

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